lunes, 18 de junio de 2018

Ahora Como Antes

La volvió a ver, después de muchos meses. Ahora tenía el pelo más largo, pero su manía de acomodarse los mechones mientras hablaba seguía siendo igual. Su sonrisa, ésa que él moría por hacer brillar, se había perfeccionado y parecía más apagada, pero su forma de reírse era la misma de siempre y le seguían causando gracia los mismos comentarios, ésos que él había aprendido a decir. La mirada parecía más madura, como la de quien estuvo en el infierno y salió, y él se preguntaba si se había debido a su ausencia. O quizás era que ahora estaba más distante. Quizás esos ojos que antes lo miraban con amor ahora tenían además un rastro doloroso de tristeza. Su forma de vestirse también había cambiado, era ahora más formal, y pensó que quizás se debía al nuevo trabajo. Tomaba el café con leche, igual que antes, que cuando era suya, pero ya no le ponía tanta azúcar. Todo estaba intacto y todo había cambiado a la vez, menos lo que sentía por esa chica que hoy volvía a tener en frente.
Y de pronto se reprochó no haberse quedado cuando el café le gustaba con más azúcar, cuando se vestía más informal, cuando su pelo estaba un poco más corto, cuando su sonrisa era más viva y su mirada no denotaba frialdad. Sí, seguía siendo la misma. Gesticulaba con las manos al hablar, movía la cadera al caminar y se seguía emocionando por cualquier cosa con la alegría de un niño que ve por primera vez el mar. Se había maquillado casi a la perfección pero el viento le revolvía el pelo suelto. Sí, era ella y así siempre le había gustado más. Se acordaba de todos sus detalles, sus maneras, todo lo que la hacía tan especial. Era ella, a la que había dejado ir; otra vez ella, a la que nunca se había dejado aferrar. Y se dijo que ya era tarde. Algo le gritaba lo que tendría que haber sido meses atrás. Porque durante todo ese tiempo sin verla, se dedicó a llevarla adentro, a sujetarla como debería haberla abrazado en su momento, y ahora se daba cuenta. Porque desde que se habían perdido, sólo sabían recordarse. Porque desde que se habían renunciado, sólo podían arrepentirse. Porque con el tiempo el amor los desencontró y hoy sus ojos le decían que la oportunidad había sido antes, cuando le gustaba ponerle más azúcar a su café y en medio de la sonrisa se dibujaba su nombre.~

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