Llega un momento en el que una persona logra conocer cada detalle de vos. Tus miedos, tus anhelos, el sonido de tu risa cuando explotás de alegría, el tono apagado de tu voz cuando estás nervioso o mal. La forma en que te brillan los ojos cuando amás, tu manera de caminar, las cosas que te molestan y las que te gustan, lo que no podés soportar, lo que te hace feliz, cómo te ves cuando estás todo despeinado y el olor exacto de tu perfume.
Hablo de esa persona que no se cansa de escuchar tus anécdotas de cuando eras chico, que sabe qué expresión tiene tu cara cuando dormís, cuánto demorás en bañarte o en arreglarte para salir, qué te gusta desayunar y cuánta azúcar le ponés al café. Esa persona que percibe cuando estás incómodo y te escucha paciente cuando hablás de algo que te duele. Esa persona que te vió fallarle y aún así te regaló otra oportunidad, que le duele el corazón por vos cuando alguien te hace mal. La que conoce tu color favorito, la ropa que te gusta usar o que mirás más de una vez las películas que te gustan; que entiende cada mirada, que te agradece cada gesto, que descifra cada mínimo cambio en tus actitudes. A quien le mostraste tus puntos débiles y nunca apuntó justo ahí para lastimarte, quien conoce las cosas que te cuestan e intenta aliviarte, quien te marca tus virtudes y las resalta a todo color para que las memorices para siempre.
Llega esa persona a la que le mostraste cada defecto, cada cicatriz, cada complejo, cada rincón de tu piel, tu lado más sensible, y siguió pensando que eras increíble. Esa persona que ama a quienes vos amás, que intenta conocer la historia que dió orígen a cada rasgo de tu personalidad, que se ganó tu confianza para que le cuentes de tus heridas y siempre supo qué decir para ayudarte a sanar.
Sabes de quién hablo, ¿no? Su nombre llega a tu cabeza con la velocidad de un rayo y resuena como un trueno en tu corazón. La misma persona de quien vos conocés cada detalle también. Que te habla de sus tristezas y te cuenta a vos entre sus alegrías. Que te conoció siendo uno y con su compañía te convirtió en otro, en alguien mucho mejor.
Pero quizás no sepas ésto: no a todos les llega una persona así. Y es que no todo el mundo puede cruzarse con nosotros y mirarnos como si fuéramos algo especial. No todo el mundo te va a elegir y te va a llevar de la mano con ganas de que no te vayas nunca. No, no cualquiera llega a conocerte así y te sigue queriendo aún más después de eso, como si fueras el libro que adora leer.
Si vos tuviste esa suerte, si te identificás con lo que te cuento acá, no te olvides lo afortunado que sos ni te olvides de ser agradecido. Podría ser que un día esa persona ya no esté y junto con ella se vaya esa historia en la que vos eras el protagonista.
Si esa persona llegó a tu vida, sonreí, dejate querer. Ya estás dejando huella. Ya tenés todo lo que necesitás.~

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