viernes, 10 de agosto de 2018

De Mi Lado De La Pared

Tengo tantas cosas para decirte.. Pero reconozco lo inútil que sería expresarlas. Sería igual que gritar frente a una pared y golpearla con fuerza esperando lograr alguna grieta; no para dañarla, sino para ver que es corruptible, que se puede llegar a ella, y al final no poder. Y en el proceso me lastimaría a mi. Mis manos sangrarían, y vos seguirías ahí, impasible, como esa pared. Los golpes los esquivarías, mis palabras apenas si te causarían sorpresa. No te reconocerías en nada de lo que estoy sintiendo y yo sufriría el doble al verte ajeno a lo que me pasa solamente a mi.
Ya sé que ésto no es mutuo, lo sé desde hace más tiempo que nadie, y es por eso que no tiene sentido expresarte algo y mirar tu reacción distante, sufrir el frío de tu razonamiento, quedarme para que tu indiferencia siga clavándose en lo más profundo de mi exceso de interés. No quiero leer tu contestación y que me hiera tu neutralidad, tu tranquilidad, tu apatía. No quiero ver que no me querés más allá de la lógica y tus dudas. ¿Para qué, si ya lo sé? No quiero reabrir esa herida y confirmar que ésto que me pasa siempre fue sólo mío, que jamás llegaría a mover tu corazón ni golpeándote donde más te duele, cuando vos podés como si nada destruir el mío, que es sensible hasta a tus susurros.
Entonces abandono mis ganas de exponer mis sentimientos, de poner mi corazón sobre la mesa y mostrarte lo mucho que todo lo que decís y hacés me afecta, los sueños que tenía sobre un futuro que nos encontrase juntos, lo que me cuesta saber que me quedé con un montón de recuerdos que el tiempo va a empezar a llenar de polvo y a borrar despacio mientras yo los sigo abrazando. Dejo de pensar en hablarte mientras miro los cicatrices viejas en mis manos, porque sé que no podrías entenderme, porque nadie puede comprender con su mente racional lo que siente el corazón de otra persona, de forma irracional. Me rindo y escribo esta carta absurda que nunca voy a mandar, que va a llegar al alma de muchos pero no a la tuya; este intento de descargo que un poquito ayuda, o al menos no me lastima como lo haría mandártela y verla rebotar contra una pared, esa pared que me separa de tus sentimientos, porque ya sé lo que sentís y sé que no es suficiente para hacer que apuestes por mi.
Me doy por vencida a la idea de mostrarte todo lo que me generás, para que no pienses que estoy loca, y a la vez soy consciente de que no lo pensás, de que ya no pensás nada, de que ya no querés pensar en mi. Que no tenés idea de lo que lucho para ya no tenerte presente, y que tal vez sea mejor así. Que no me querías tanto como decías y que no te puedo culpar por eso, pero sí por haberme hecho creer por un rato que sí. Renuncio a la idea de escribirte esta carta, y en su lugar me la escribo a mi. Voy a salvaguardar a mi corazón, que ya sabe y ya aceptó que de nuevo se quedó queriendo solo; no hace falta repetirle lo que sucede al que ya lo asumió.
Tal vez algún día relea esta carta y me ría de todo lo que sentía; tal vez para entonces ya seas ese pasado que se cubrió de polvo y ya haya entendido por qué no pudimos ser. Tal vez no pueda entender por qué me doliste tanto, porque mis sentimientos ya estén apagados y fríos, y es que nadie podría comprender con su mente racional lo que sintió alguna vez un corazón, de forma irracional. Quizás en ese momento ya esté siendo al fin un poco feliz.
Pero por ahora sigo escribiendo todo eso que ya no quiero guardarme más adentro y voy dejándolo en este cajón imaginario, lejos tuyo. Después de todo, dolería más saber que me leés y que entendés lo que siento, lo que te cuento, pero que no lo podés sentir. Dolería más tirar mis escritos al piso, subirme a un avión que me lleve a tu lado y tratar de desahogarme frente a tus ojos, que me leen pero no me pueden ver, que me sonríen a lo lejos, desde el otro lado de la pared.~ 

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