domingo, 5 de agosto de 2018

Voy a contarte sobre un reencuentro que todavía no sucedió y que probablemente jamás lo haga, pero del que necesito escribir para calmar mi tristeza, esa tristeza que me ahoga cuando pienso en que ya no voy a volver a verte nunca más.
Va a ser Octubre y tus ojos se van a tropezar, igual que los míos, en un enorme cielo azul; los recuerdos nos van a invadir y la emoción se nos va a notar en la mirada, y sin decir nada, vamos a sonreír, los dos. ¿Qué puede haber más lindo que ser recíprocos a una sonrisa sincera? Vamos a abrazar esos recuerdos por unos segundos, pero yo los voy a sentir eternos porque mi corazón se va a detener en ellos, y en mi imaginación el mundo va a dejar de girar tan sólo por un ratito para vernos todavía ahí, agarrados de la mano. Y voy a pensar en que me parece casi falso que, después de tanto soñarte, te hayas hecho realidad; que todos los pensamientos que te dediqué alguna vez se materializaron y que un día fuiste presencia. Y entonces, voy a abrazar aún más fuerte esos recuerdos, intentando que al menos ahí el reloj se congele, donde fuimos vos y yo, donde por fin estábamos sonriendo.
En ese reencuentro imaginario, vamos a compartir un par de días que se van a sentir mágicos, te voy a tener al lado y esta vez voy a procurar no quedarme con nada guardado. Entonces me voy a armar de valor y voy a decirte todo. Que en estos años no dejé de pensarte, que a veces me daba por vencida pero inevitablemente siempre te volvía a esperar, que nunca me atreví a renunciarte porque siempre te pensé una historia sin final, que te dediqué montones de escritos que leyeron muchísimas personas que después me confesaban nunca haber sentido algo tan fuerte por nadie y entonces me creían bendecida por haber conocido ese tipo de amor con el que ellos también soñaban desde hacía demasiado tiempo. Y también que cada 20 de junio me permitía soñar con volverte a encontrar, mientras que en algún que otro escrito fantaseaba con que ese dia iba a haber sol, o hablaba de casualidades que no existen y te llamaba estrella fugáz. Te puse tantos apodos, tantos sobrenombres, te comparé con cosas tan lindas y tantas metáforas llevaron implícitas tu nombre..
Ése día te voy a contar que tu amor siempre me inspiró y que llegué a desearte tan fuerte que por eso, aunque no durara más que instantes distantes entre sí, te volviste realidad.
Este reencuentro nunca sucedió y probablemente jamás lo haga, pero alguien me preguntó hoy si alguna vez sueño con cosas imposibles, y entonces acá estoy, soñando; porque ése debería ser el motor de la esperanza, la batería de la alegría, el detrás de escena de cada milagro. Todo debe surgir de un sueño, de una idea minúscula, que probablemente resulte absurda para la mayoría mientras que para nosotros tiene todo el sentido del mundo. Y sé que a lo mejor llevo mucho tiempo lastimándome por guardar adentro toda esta ilusión. Sé que ahora toca afrontar al destino, seguir sola por otro camino y olvidarme de vos. Sé que escribir sobre eso a veces me genera una cuota de fé que dura un momento y después no hace más que seguirnos hiriendo y que tal vez es hora de entender que las oportunidades ya se acabaron, que la historia ya se terminó, pero es mi corazón el que te sigue teniendo presente y me dicta estas palabras. Y me dice que sueñe en grande, que te haga poesía, y que imagine un reencuentro que probablemente nunca suceda, porque al verdadero amor no le importan las razones por las cuáles no, y entonces se aferra a la única razón por la que quizás, algún día, sí: que desde este lado se te extraña tanto que no queda espacio para guardar tanto amor, y entonces, entre cuento y cuento, palabra a palabra, aunque no te llegue, te lo regalo a vos.~

No hay comentarios.:

Publicar un comentario