viernes, 10 de agosto de 2018

-¿Qué sentís?- me preguntaron. Intenté encontrar las palabras justas para responder, pero no pude, así que recurrí a lo que más se le acercaba: una metáfora.
- Es como si me estuviera ahogando. A mis costados no hay nada a lo que aferrarme, sólo agua. Busco desesperada algún indicio de que algo va a cambiar, pero no encuentro nada. Me desespero y mi miedo empeora todo aún más. La sensación es ésa, de que estoy perdiendo fuerzas y hay ningún escape posible a la vista, un objeto al cuál aferrarme, una orilla a la cuál nadar. De pronto escucho esas voces, que me dicen que todo va a estar bien, pero desde lejos. Yo soy la que está en el medio de la nada, yo soy la que está luchando contra todo pronóstico, aún sabiendo que no tengo chances de ganar-.
Así se siente la depresión, sólo que no hay agua. No sabés qué es lo que te hunde, solamente que hagas lo que hagas cada vez estás más inmerso en ese mar ficticio que te deja exhausto pero todavía con vida, sin nada más que hacer que intentar no dejarte ir del todo, aunque la idea parezca tentadora de vez en cuando.
Y el resto te dice que avances de una vez por todas, que no le des importancia, que no es para tanto, porque no entienden. No entienden que no es tristeza. Es el desgano absoluto que te genera saber que las cosas nunca cambian, que las personas nunca cambian.
Entonces te decís "basta, hasta acá llegué", y te quedás dormido con los ojos húmedos. Y las siguientes noches también te quedás dormido. Pero a la mañana siguiente siempre te levantás y, para tu sorpresa, seguís ahí, con el cuello bajo el agua pero la cabeza afuera. Respirás, todavía respirás; aún con el pánico constante de terminar de hundirte en cualquier momento. La depresión te ahoga, pero no te mata. Aún estás vivo, pero.. ¿qué clase de vida es la que estás viviendo?
"Es como si me estuviera ahogando", pero no me ahogué. Y la salida es aún más difícil de explicar que todo lo demás. Porque un día te encontrás afuera de ese mar y de repente sos vos el de los consejos automáticos que no ayudan. Un día sos vos el que le grita a otro que se está ahogando en su propia depresión "vas a estar bien!", y ése otro no te cree. No te cree hasta que se salva, hasta que las olas de alguna manera lo arrastran hasta la orilla, hasta que encuentra algún salvavidas, hasta que el agua aminora y se vuelve menos honda, y siente un poco de calma otra vez. No hay explicación y quizás eso sea lo más raro de todo ésto. Quizás me salvé flotando todos estos días, incluso ésos en los que me parecía una buena idea dejar los pies quietos porque me ganaba el cansancio. Quizás fui fuerte sólo por sobrevivir, sólo por querer seguir firme frente a una vida que me estaba pidiendo a gritos que la deje ir. Tal vez cada día en el que, totalmente agotada, seguí respirando, al final contó y valió la pena. Por ahí no importa tanto cuán difícil sea que algo se acomode, tenemos que sujetarnos a esa mínima posibilidad como si fuera lo único que nos mantiene vivos estando perdidos en el medio del mar.
Hoy creo que en el fondo siempre supe que esas voces que me repetían "todo va a estar a bien" tenían razón. Hoy creo que esa mínima esperanza a la cual me abracé fue lo que hizo que ya no tuviera miedo de ningún océano que me amenace mientras a la vez me mantenga con vida. Porque en estar vivos está la oportunidad.
Estar vivos es lo que te demuestra que, no importa cuán imposible parezca, podés salir, podés seguir, podés volver a vivir.~


No hay comentarios.:

Publicar un comentario